jueves, 16 de noviembre de 2017

Crónicas desde el monte Tapochau. (2ª)

A medida que la batalla avanza el peso del número -y sobre todo la panoplia de armas norteamericana- van imponiendo su ley. Como podéis ver, además de cañones de diverso tipo, lanzallamas y demás, los marines pueden asignar a sus compañías un pequeño contingente de tanques, que viene a representar más o menos un par de vehículos. Una vez que se hacen presentes la batalla cambia: de desgaste de un bando a desgaste del otro... Por eso, como japonés, aprovecha rabiosamente los primeros turnos que luego llegará la hora de sufrir. 


La existencia de estas armas de apoyo (SW, en el juego) es para mí otro de sus grandes aportes. Suponen un plus de fuego y representan las peculiaridades orgánicas y abundancia de recursos de manera elegante. Además la forma de introducirlas en la partida (o de que sufran daños) es también ágil y elegante: basta que las unidades que las reciben estén en mando. Nada de calcular movimientos o retiradas complejas; en ese sentido puede decirse que son tratadas de un modo un poco abstracto aunque eso no les quita un ápice de potencia o diversión. Así que te preocupas de la situación táctica y no de las excepciones a recordar.Qué diferencia con otros títulos!  


Unos turnos después hace su aparición una tercera división que estaba en reserva (arriba). En este caso de infantería, con unas ratios un poco inferiores pero con una doctrina diferente, en la que abunda mucho más la artillería por ej (y de más calibre). Quiere reflejar los dos enfoques de combate que planteaban los manuales USA entre los Marines, más "partidarios" del asalto directo y los infantes, seguidores del apoyo intenso con fuego. Parece ser que en esta operación no se hicieron demasiados intentos por coordinarlos lo que provocó conflictos y ciertos desajustes. Puedes desplegarla en el sector que desees pero yo -en las partidas que he jugado- la he visto siempre en el sur, donde hay más espacio para maniobrar. 

Pero dejemos de ocuparnos de los condenados extranjeros de ojos redondos. Una vez que las cosas empiezan a estar tan complicadas hay que tomar una dolorosa decisión: retirarnos, está claro. Pero como decía antes, el problema es "cuando empezar"? y "hasta donde"? 
Las cuevas del interior son el objetivo evidente, pero en el camino deberías abandonar toda la artillería y los eficaces, pero pesados, cañones antiaéreos de la marina (por cierto, las tropas de la armada también tienen sus peculiaridades).


Y el camino hasta las montañas tampoco está exento de peligros como que no pillen tu cuartel general (o sea, el mío) en campo abierto o que la omnipresente caza aliada acabe por retrasar completamente tus unidades, que normalmente son menos numerosas que las contrarias así el que una simple compañía de médicos o suministros no llegue puede debilitarlas dramáticamente.
Y por eso con el mismo tipo de chit y al mismo coste, los yankys activan más fichas que el nipón. Otro interesante punto.

Una vez llegados a esa línea de defensa tienes de nuevo otra "chance", pues limpiar esos reductos es costoso en armas y hombres ya que las zonas de fuego intensas (en el mismo hex atacantes y defensores) hacen muy difícil evitar las pérdidas. Además de que puedes hacer un disparo de oportunidad efectivo y sólo recibes fuego desde un apilamiento. Eso sí, peligrosísimos los ingenieros que, además de "limpiar" el aeródromo principal de la isla, pueden sellar directamente las cuevas y santas pascuas!


En mi caso, y a toro pasado, en esta partida debí haberme retirado antes, pero el honor del Emperador me lo impidió. Llegué incluso a plantearme una carga general pero ya era demasiado tarde...

Posteriormente he vuelto a darle algún tiento más -a escenarios más cortos y con otros oponentes- y la cosa ha ido bastante fluida. Por fín parece que los citados problemas con el reglamento se han solucionado en gran parte y ya espero con interés el siguiente. O que el sistema se traslade a Europa.
Ya sabéis que a mi me encanta el Pacifíco, pero no a todos mis compadres... Veremos.


The End. 

lunes, 23 de octubre de 2017

Crónicas desde el monte Tapochau.

Este último mes he podido probar una campaña al primer juego de Compass de la serie CSS, que recrea la lucha por Saipán, la mayor de las Marianas.
Previamente, partidas en solitario y con diferentes compañeros a los primeros escenarios me permitieron ir controlando las reglas que -por decirlo suavemente- estabán un poco "desordenadas". También muchas preguntas en consimworld y BGG fueron necesarias para eliminar dudas.
Ahora todo está más o menos claro, además de que  acaban de subir con el segundo volumen, Guan, el reglamento actualizado. Ha sido un largo camino...


Con todo, a pesar de esa dura labor de "expurgo reglístico", hacia mucho tiempo que no me sentía tan atraido por un juego. Las campañas militares en el Pacífico durante la segunda guerra mundial tienen unos condicionantes muy especiales y sus operaciones a cara de perro casi me tienen conquistado de antemano.
En este caso concreto se trata de simular uno de esos dramáticos desembarcos, junto al avance posterior para ganarse un espacio de maniobra sobre un terreno restringido, y sobre todo permitiendo que el japonés pueda hacer algo más que recibir. Es una apuesta ambiciosa que me atrajo, como la belleza de sus componentes o la promesa de su rejugabilidad (más sobre esto después).

Como sabéis, estamos ante una adaptación/evolución del anterior GTS -del mismo autor- que sigue activo en MMP y pretende recrear combates a escala de compañia. Conozco los dos, pero este me ha convencido mucho más. Desde luego tenemos simplificación y habrá jugadores considerarán imprescindible otro nivel de detalle pero para mí -en general- se descartaron mecanismos excesivamente largos o cargantes así que puedes centrarte sobre todo en las decisiones del combate.
Y en mi experiencia a medida que ido profundizando es sus decisiones de diseño (y me han quedado claras) todo ha ido cobrando sentido.


Una de las bases que se encuentra en ambos sistemas es la activación por chits de divisiones y formaciones. Eso obviamente introduce mucho azar, pero que aquí está matizado por la posibilidad de "compar" algunos en un momento determinado (y a un precio mayor). Otros aspectos ágiles son la forma de usar los líderes o la utilización de armas de apoyo que por si mismas pueden ir marcando las fases de la batalla.

Centrándome ya en el relato de la partida, la decisión principal a que me enfrento como guerrero del sol naciente (y la que enfrentaron mis antecesores históricos) va a ser como organizar la principal línea de defensa. Donde y cuanto mantenerme en la dura pugna por las cabezas de playa.
Partiendo de la certeza que devolver al mar a esos demonios extranjeros está fuera de nuestras capacidades, si aguanto demasiado seré masacrado casi hasta el último hombre por su creciente potencia de fuego. No obstante, retirarse anticipadamente puede convertir la invasión propiamente dicha (el momento más comprometido) en una simple operación de limpieza. Decisiones, decisiones...


Dicho esto, por una vez el alto mando hizo bien las cosas y ha previsto con éxito por donde llegaría el enemigo. Así que mis mejores unidades y baterías (incluso antiáereas) apuntan a unas zonas definidas minuciosamente y que barren las rutas de aproximación a las playas. Si tenéis ocasión de probarlo, tenedlo en cuenta para ambos bandos. Una parte importante de la partida puede definirse en esos primeros turnos.

Igualmente debéis conocer bien vuestro arsenal. Qué unidades son capaces de utilizar fuego indirecto, cuales tiran con Alto Explosivo, etc... así será más fácil sacarles el mayor partido. Aviomes y tanques en el banso aliado o cañones de tiro directo con campos de tito (y reacción) de varios hexágonos en el lado nipón pueden ser de lo más decisivo.


viernes, 1 de septiembre de 2017

Victory in the Pacific. (2ª)

Esa mañana, la fresca brisa del Pacífico hacía aún más agradable un día luminoso.
Los escoltas iban dibujando estelas sobre el mar y la  guerra parecía lejana sobre el plateado puente del Enterprise cuando, de repente, rodaron atronadores varios dados de seis...


Ay, que me lío! Vamos al grano. Decía que la grandeza de este casi incunable es lo enlazadas que están todas sus mecánicas y el amplio abanico de posibilidades que te ofrece. Y que, repitámoslo una vez más, se suceden sin tregua: Así pues, me arriesgo a disputar el área o no? Voy con todo o me guardo el "as en la manga", para después en reacción poder amenazar varios sítios? Dónde irán los Marines? Cuál será el objetivo de mi submarino? Decisiones, decisiones...

Ya metidos en el combate, tus unidades van a lanzar dados en función de su factor de fuego (aéreo de día, cañones de noche), que puede estar modificado por su veteranía y la presencia de radar (con un más uno) o por los daños sufridos. Cada cinco manda de vuelta a puerto a un navío, interrumpiendo su participación en la batalla, y cada seis permite (recordad el +1) volver a tirar para ver el número de impactos que se inflingen. Uno sobre el blindaje (segundo número) y te vas a pique.
Como normalmente tu adversario escogerá objetivo, pues... cuántas veces habré perdido al Yamato y su gemelo, en una cabalgata inútil para intentar revertir la marea aliada! Y qué sensación de angustia cuando tus queridos portaaviones (e irremplazables, en el caso japonés) empiezan a ir acumulando daños.

Pero eso es solo el principio. Además debemos optar por pelear de día o de noche (elige primero el nipón, como es habitual; aunque eso no se recoge claramente en las reglas), así que unas unidades u otras llevarán la voz cantante y puedes acabar sorprendido como una bandada de patos ante un cazador furtivo (remember Midway!).
Incluso puede darse un combo diurno-nocturno que te deje para el arrastre. Y todo esto en cada área! Realmente, hay títulos dedicados a recrear una sola de estas acciones.


Luego vienen las persecuciones (voy, no voy?). En función del último número (la velocidad, que también puedes ir perdiendo) quizá escapes indemne o seas perseguido por sabuesos implacables. Hasta puede que el resultado de la batalla cambie de modo drástico.

Finalmente, el bando victorioso puede disfrutar de "dos rounds gratis" a los barcos fondeados en bases que toquen esa zona. Moraleja, calcula bien en que sitio realizas los combates primero, y en qué orden.

Tras toda esta vorágine, cuando el humo se disipa "recolectas" tus PV y retornas a casita (a base grande o pequeña). Y vuelta a empezar. Fuerzo la máquina? Hay refuerzos?
-Soy EEUU, a partir del turno cinco tengo tantos portaaviones que no se ni que nombre ponerles!
-Soy Japonés, lo próximo que llega son tablas de planchar con motor...

Pero por supuesto, no estaría bien olvidar que otro factor importantísimo del disfrute reside en esa asimetría. Ha quedado clara la superioridad brutal que los yankis van a ir consiguiendo.
Sin olvidar la armada inglesa, que no es gran cosa pero tiene lo suficiente para desgastar.
Y a eso debe dedicarse, según el conocido lema del "úsala o piérdela", pues varias unidades serán reclamadas en la metrópoli. Normalmete conseguirá ambas cosas, pero a los aliados siempre les compensa el intercambio de unidades.
Y qué puedo deciros ya del pobrecito marino del sol naciente? Sus enemigos parecen titanes y aunque disfruta de cierta superioridad con sus potentes aparatos de base en tierra o sus veloces cruceros, acabará marchitándose como la flor de cerezo mecida por el viento divino...


En fin, muchos comentarios han recorrido sus foros lúdicos todos estos años: sobre tácticas (protege como sea tus valiosísimos cuatro carriers, hermano oriental!), variantes posibles (uso de marcadores de Task Force) o incluso quejas (sobre algunos valores de los barcos británicos o la artificiosidad de que no puedan mover una tercera área, entre las más amargas).
Incluso se ha dicho que es fácil ganar con el japo (herejía!), pero la verdad que eso muestra su buena salud y lo bien que resiste el paso por mesas de medio mundo.

Para acabar: respecto a su "familia", ya he hablado de la adaptación del sistema a la guerra ruso-japonesa. Y el War at Sea? Si has podido seguir un poco todo este rollo, casi sabes de que va. Las reglas son prácticamente las mismas, algo simplificadas, y aderezadas con "peculiaridades atlánticas" como los convoyes, o la farolera Regia Marina y sus "salgo/no salgo".

Pues eso, que mientras esperamos que lo reediten, si podéis, probadlo.

The End.

jueves, 25 de mayo de 2017

Victory in the Pacific.

Una gran parte de las entradas en mi anterior blog no desaparecieron, pues estaban duplicadas por aquí o allá. Pero sí hubo una que se borró por completo; y como suele suceder fue la que más me molestó perder: Eran cuatro hilos donde iba analizando mi querido VITP.

Así que ahora, aprovechando que he podido volver a jugarlo -en parte por el gusanillo que nos despertó el ya citado "Setting Sun Rising Sun" del mismo sistema- voy a ocuparme de darle un repaso (aunque esta vez mucho menos ambicioso).

Es un juego de AH. Realmente de la vieja escuela, sin alardes en diseño gráfico, reglamento o marcadores (abajo). Pero una joya que se sigue jugando profusamente más de cuarenta años después de su diseño. Qué lo hace tan especial?


No tengo una respuesta sencilla. Hay lucha encarnizada, hay estrategia y faroleo, hay vidilla histórica, personalidad en las fichas y por encima de todo diversión. Es más, cada lugar por el que peleas de forma desesperada (a veces hasta el último hombre, barco o avíón) lleva un nombre evocador y exige cantidad de decisiones antes de ir por el siguiente.

Como es habitual, podría desmenuzar su secuencia de juego, sus mecanicas de combate y persecución pero eso no lo dice todo. Aquí nos encontramos con un caso donde el resultado es más valioso que la suma de sus componentes.

Es la perfecta unión de todos esos elementos, y a pesar de su aspecto espartano y de sus sistemas ultraprobados (hay quien lo considera el primer antepasado de los juegos de áreas), lo que produce un mecanismo perfectamente engrasado. Incluso hay recursos que normalmente no me gustan pero que aquí funcionan de maravilla.


Desde luego, hoy en día continúo disfrutándolo y encontrando sutilezas en todas sus fases y conexiones. Como ya sabréis, el turno -hay ocho, más uno opcional- comienza con la incorporación de refuerzos, cuya llegada muy asimétrica (y con su nombrecito y factores exclusivos en muchos casos) empieza a definir esa estupenda unión jugablilidad-historicidad que también suele ser garantía de éxito.

En la fase de movimiento subsiguiente las cosas empiezan a "calentarse". Puedes mover para controlar un área (que te dará sus valiosos puntos si al final conservas su dominio) o bien para hacer incursiones (pones las fichas por su lado blanco: no controlas pero "contestas").
En este último caso puedes desplazarte un área más, siempre a través de zonas controladas y parándote en las enemigas -aunque no todas las naciones involucradas tienen las mismas capacidades- lo cual resulta útil tanto para "amagar" como para llevar la guerra a las lejanas tierras de esos demonios de ojos redondos...


Las decisiones se van tomando sucesivamente y alternando ambos bandos; el japo siempre primero con lo que suele tener la iniciativa (al menos mientras le queden portaaviones) pero también reacciona peor. Ya veis que aquí siempre hay un "debe" para un "haber".

Añadid aviones con base en tierra, muy robustos y que también controlan áreas pero más restringidos pues si no tienen una base en el área no pueden operar. Y Marines que ocupan islas y puertos e incluso pueden denegarte, en plena batalla, ese poder aéreo si consiguen ocupar el terreno (a quién disparo primero, a los valiosísimos "carriers" o a esos tipos que pueden dinamitar por completo mi estrategia?).
Incluso hay espacio para pérfidos submarinos que, en un golpe de suerte, pueden enviar al fondo al navío más imponente... o a un solitario patrullero que te prive de puntitos decisivos (no sólo hay que sumar, también se trata de restarle al oponente): moraleja, nunca patrulles con un solo buque!

También en esta fase puedes reparar algunos daños de los barcos que no mueven... dejándote con la dura decisión de cuanto forzar a tus agotadas unidades.


Y después llega el combate.

martes, 25 de abril de 2017

Aprendiendo Wargames.

En mi experiencia, los primeros meses del año suelen ser buenos para el wargameo. Desde luego mucho mejores que cuando empieza el calorcito. Sin embargo, la temporada ha venido con muchos problemas que rebajaron en gran medida mis expectativas. En resumen, tiempo escaso y pocas partidas completas me han dejado este invierno y primavera.

Mi bagaje reciente abarca apenas un par de turnos a varios títulos. Se podría decir que, más que jugar, me he dedicado a "aprender" reglas y mecanismos a través de pequeños escenarios y tutoriales de juegos inesperados o que tenía atrasados.

Eso sí, en la mesa sigue -desplegadito en todo su esplendor- el Ukraine 43. Nos había encantado hace ya tiempo y ahora que tenemos la segunda edición estamos deseando ponernos en serio con él.


Que remedio, mientras el panorama se va despejando toca picar un poco aquí y allá; alguna tarde corta, unas horas robadas...

Terminé el año con el Won by the Sword: Poco que decir. Me gusta la época pero se me hizo largo (eso que le dí los primeros turnos a un par de escenarios, solamente). Y en mi opinión pide mucho para lo que ofrece. Buenas ideas pero que no me acaban de llenar. Es como si su "complejidad" y parsimonia lo predispusieran a que no me guste.


Algo más he disfrutado el Pax Báltica, en parte también por lo rápido que va pues en poco tiempo puedes concluir los primeros escenarios.
Curiosamente, este lo tenía aparcado hace tiempo por las razones opuestas: demasiado "light" (además de que como sabéis los bloques no me van mucho). Con todo, me había dejado buen sabor de boca. Me lo ha confirmado ahora.


Sin embargo, la única partida completa tuvo lugar en días de vacaciones. Un veterano jugón y yo desempolvamos el Cortes, de la revista Command. Juego encantador y que en su viejunez encierra cantidad de matices. Eso si, como víctima de la colonización hispana, en una sesión corta me dieron para el pelo hasta casi la toma completa de mi capital.
Abajo, los conquistadores consiguen hollar por primera vez suelo sagrado azteca.


Después tuve la oportunidad, bastante fortuita, de conocer el Operation Dauntless. Uno de esos títulos que ansiosamente aguardé mientras se retrasaba, una y otra vez, su publicación. Hasta que al final me cansé de esperar y lo descarté.
Por suerte, he tenido acceso a una copia y ha sido la sorpresa agradable de la temporada.
Es claramente complejo pero en este caso, no se porqué no me echa para atrás. Será la operación, la escala, el cariño en la edición...


Continúo su "aprendizaje", un poco a salto de mata, siguiendo el meditado plan del autor y sus escenarios con entresijos crecientes (empiezas con movimiento y fuego, luego asaltos, cañones, blindados...).
Todo muy currado, desde el principio me pareció pleno de interés. Un wargame donde tomar decisiones, decisiones.


Para terminar (por ahora), en plan nuevo paréntesis lúdico, tuvimos una jornada napoleónica, con The invasion of Russia y su "Grande Armée" recorriendo la inmensidad de la estepas... y enfrentándose al ejército zarista.
Me sorprendió su aparente "caos controlado" y su diseño por efecto que sin cargarte de reglas acaba favoreciendo, pero no de forma rígida, la recreación de los acontecimientos históricos.
Lo considero un sistema muy majo, bien adecuado para la escala y la época y que, creo, se podría trasladar perfectamente a otros períodos, como el teatro occidental de la guerra de secesión o el conflicto ruso-japonés (por ejemplo).


En fín, ya veis. Breves comentarios tras un mucho picar, pero sin que pueda profundizar demasiado. Espero que la situación cambie en breve. Mientras tanto, ahí está el Ukraine, esperando...


The End.

viernes, 3 de marzo de 2017

El sol se pone, el sol sale.

Conocía la revista Paper Wars hace mucho, cuando parecía poco más que unas hojas maquetadas a toda prisa con aspecto de "cutre-fotocopia".
Desde luego, tenía (y tiene) la ventaja de que no concentra todos sus comentarios en juegos de una sola editorial pero lo árido de su presentación y diseño hicieron que, después de un tiempo, dejara de seguirla.

Hete aquí mi sorpresa cuando ultimamente la veo "revivida", todo colorciño y con juego incluido; presumiendo de "body" sin tener nada que envidiar a otras publicaciones periódicas semejantes.
Los títulos que propone también parecen, cuando menos, atractivos y poco trillados (retirada india, guerra civil finlandesa). Aunque de momento sólo he catado uno: el Setting Sun, Rising Sun, sobre la fase naval de la guerra ruso-japonesa de principios del siglo XX.


Y qué tiene de especial esta sencilla simulación (un mapa pequeño, una plancha de fichas...) sobre un período relativamente "oscuro", para hacerme volver la vista a un "territorio" aparcado tiempo ha?
Pues nada más y nada menos que se trata de una nueva entrega del sistema de mi querido (queridísimo!) Victory in the Pacific! En este caso desprovisto, claro está, de la rama aérea y portaavionil pero con su misma potencialidad de evocación, desafio lúdico y tragedia anticipada (ay, cuántas veces me han masacrado a las puertas del Mar del Coral).

Los he seguido prácticamente todos: Además del VITP, el War at Sea en sus diversas ediciones (algo más ligero pero igualmente atractivo). el Grand Fleet de L2 o hasta otro sobre una hipotética guerra por la Patagonia (estos últimos no los he probado; quizá mi frikismo no llega a tanto).

Alegremos pues el corazón! Parece que de nuevo podré volver a sentir en mi rostro la refrescante brisa del Pacífico. Esta vez no será sobre la brillante cubierta del Zuikaku, pero bueno... un acorazado pre-dreadnought tampoco es manco.   


Hasta ahora lo he probado una vez, pero enseguida todo me suena. Ya digo, las mecánicas son prácticamente las mismas; aunque ese "prácticamente" no supone en este caso una copia desvaída en la que solo faltan cosas, como la lucha aeronaval, sino que aporta novedades jugosillas como un "fog of war" ampliado, que ya estaba presente en versiones posteriores de su hermano mayor pero que aquí es obligatorio desde el principio. Así, tenemos unas hojas de organización de flotas (arriba, izquierda) donde despliegan los buques que sobre el mapa aparecen en forma de marcador de "escuadrón/división". A su vez dentro de cada uno de ellos se podrán situar en "pantalla", dedicada a labores de observación del enemigo o en "línea", justo detrás, donde las naves más poderosas se encargarán del enfrentamiento principal.
Si es que llega a haberlo, pues puede ser que no se encuentren...

Por lo tanto, cuando surques el océano, intentando controlar rutas de suministro y comercio, tu adversario nunca sabrá si se encara a la "armada invencible" o a cuatro viejos patrulleros de costa.
Y por cierto, aquí tampoco te paras automáticamente si entras en un área con enemigos; depende de la cantidad real de buques que haya, así que ojito con los "faroles", que pueden salir costosos.

En realidad, creo que ninguno de los dos bandos va a ser un paseo por el parque. El japonés es más flexible pero el ruso tiene buenos barcos (y muchos), además de que el nipón está obligadísimo a ir ocupando puertos, acompasándose al ritmo invasor de su ejército de tierra. Algo que recalca el propio mapa, dividido en zonas marítimas como es habitual, pero también en áreas terrestres que debes "dominar" en turnos determinados o perder un porrón de PV.
Y ya conocéis al alto mando del Sol naciente: todo tiene que ir como un reloj, con la complicación que esto añade, convirtiéndose por tanto en un exigente mecanismo equilibrador.


Cuando al final llega la hora de pegar, tras encontrarse y si el que gana la batalla de "observación" no decide la retirada, se revelan pues las principales unidades enfrentadas.
Eso sí, en fila de a uno; cañón contra cañón, sin sutilezas! Y comienza la acción.
Un combate que, ahora sí, calca perfectamente el propio del sistema: tiras un número de dados igual al primer factor de la ficha; con un cinco te mandan de vuelta a la hoja. Con un seis, impactos que pueden dejarte KO si superan tu valor de defensa (segunda cifra).
Estas tiradas pueden modificarse por líderes, que invariablemente van en el primer barco de la línea y pueden compartir su suerte (la mayoría de los rusos son infames, a veces no sabes que es mejor...) así como por los daños que vayas sufriendo. Esto continúa hasta que alguno puede/quiere retirarse o su escuadrón queda "inefectivo".

Respecto al último número, representa lo esperado: las zonas que la nave puede moverse; pero ojo que aquí también hay un matiz, en esta ocasión muy propio de la época. Es así mientras vayas al mismo lugar en que haya un barco carbonero que pueda reabastecerte en pleno mar, si no... a quedarse a la mitad! Los "coal boats" por tanto mueven aparte y no pueden combatir, pero su despliegue es fundamental si no quieres quedarte sin vapor en las calderas ("steam age", amigos!).

Mas "chrome" encontramos en los marcadores ocultos de minas, que pueden aparecer en el momento más inoportuno y ampliar la debacle; se gestionan de manera sencilla: si están presentes, uno tuyo contrarresta otro enemigo (minas desplegadas vs minas limpias).
Completan el producto varias reglas opcionales: un mantenimiento complicado de los motores de los grandes buques -que van acumulando daños- o la situación pre-revolucionaria en la Rusia zarista que puede afectar la activación de alguna flota, entre otras.


Y hay alguna pega? pues las inevitables incorrecciones en textos y ayuda de juego (a veces contradictorias) y el que las reglas vengan unidas a la revista, con lo que o la desmontas o tienes que cargar con ella.
También, que en el fondo está algo más costreñido que sus hermanos mayores, pues realmente estás peleando por unas pocas áreas alrededor de la península de Corea.

Dicho esto, es divertido, va rápido (una tarde) y en general está bien editado. Además de que puede introducirte en un sistema que -para mí- es de lo mejorcito que conozco. Los demás juegos de la serie o son muy caros o están descatalogadísimos (o ambas cosas), así que sería una buena oportunidad.para conocerlo.
Si tenéis ocasión, probadlo. Si no gusta, te evitas el "sofocón´" y si te atrae, sabiendo que los otros amplían el disfrute... A lo mejor os animáis con la "familia".


The End.

lunes, 27 de febrero de 2017

Treinta y seis años y dos tardes.

Uno de los principales placeres que me aportan los wargames es la capacidad de sumergirse y recrear la historia que te cuentan. Por suerte es algo que mi pareja comparte, así que cuando le propuse ocuparnos del 30 Years War de GMT, un viejo conocido, le encantó la idea.

Casualidad, precisamente por estas fechas hace ya algún tiempo publiqué en BGG 30-anos-y-una-tarde. Y aunque desde entonces no lo he jugado tanto como querría, siempre ha tenido reservado un sitio en mi mesa.
En este caso, yo llevaba los católicos temerosos de Dios y ella los malvados protestantes (digoooo... los hermanos en el error). Y como más o menos todo es conocido, en unas pocas horas nos terminamos la campaña.


Al retomar un juego después de cierto tiempo, acostumbro a bichear por la red a ver si hay nuevas aportaciones, comentarios, erratas... aunque a veces resulta contraproducente pues hilos antiguos o respuestas erradas pueden acabar por complicarte la vida.
En fin, es lo que tiene el frikismo; uno quiere tener las cosas controladas y al final puede ocurrir lo contrario. Afortunadamente, poco a poco todo vuelve a su cauce. Sólo es cuestión de repreguntar.

Volviendo a la entrada, veo que sigo pensando prácticamente lo mismo. Me encanta el juego y se que tiene errores, pero puedo vivir con ellos (quizá lo peor la capacidad infinita de las fortalezas...). Así que cuando a veces se pregunta cual debería ser el próximo wargame traducido al español, siempre me entristece que no aparezca ni mencionado.


Como es habitual, tras sofocar la revuelta húngara mis hombres se lanzaron, con objetivo primero, a la conquista del Bajo Palatinado para traerlo de vuelta a la recta senda de la fé. Malditos descreídos, pagarán cara su deslealtad!

Mientras tanto, Victoria se dedicaba a arrasar a sangre y fuego el norte de Alemania con sus daneses, en la mejor tradición del "úsalos o píérdelos". Total en algún momento se van a pirar...
Llegados a este punto siempre me maravilla como, según los registros históricos de la campaña, los imperiales pudieron llegar a combatir hasta Pomeranía y demás. Creo que yo, llevando a Wallestein y sus muchachos no lo he conseguido nunca!


No faltan los consabidos recelos entre los dos paladines del catolicismo (Austríacos y Bávaros) y sus tropas o la progresiva escalada territorial. Seguidos poco después por la inevitable escabechina sueco-española, donde los hombres caen como moscas y durante unos instantes toda Europa contiene el aliento. Normalmente, el desgaste del ejército de Flandes será un hecho y ante los franceses acabará costando caro (además de que los galos pueden reclutar y los hispanos no).

Por no hablar de todos esos magníficos líderes rubios y altos que pueden acabar mandando la casi totalidad de los apilamientos protestantes con cartitas de uno... menudas promociones salieron por entonces de las academias militares escandinavas! En fín, paciencia, algo más de tiempo y Pedro el Grande se lo hará pagar.


Uno de los mantras obligados: siempre que sea posible acabar con un ejército y líder sobre una fortaleza enemiga, para conseguir un asedio gratis al final del turno.
Pero resumiendo, la campaña terminó esta vez con un empate (nuestro resultado más frecuente, la verdad), aunque más cerca de la victoria protestante que de la mía...

Al menos, la capital imperial resistió. Con todo, la lucha fue terrible, casi ni nos enteramos del fallecimiento de varios Papas o de los aconteceres de las Provincias Unidas.
Se impone coger fuerzas para la próxima!


The End.