lunes, 27 de febrero de 2017

Treinta y seis años y dos tardes.

Uno de los principales placeres que me aportan los wargames es la capacidad de sumergirse y recrear la historia que te cuentan. Por suerte es algo que mi pareja comparte, así que cuando le propuse ocuparnos del 30 Years War de GMT, un viejo conocido, le encantó la idea.

Casualidad, precisamente por estas fechas hace ya algún tiempo publiqué en BGG 30-anos-y-una-tarde. Y aunque desde entonces no lo he jugado tanto como querría, siempre ha tenido reservado un sitio en mi mesa.
En este caso, yo llevaba los católicos temerosos de Dios y ella los malvados protestantes (digoooo... los hermanos en el error). Y como más o menos todo es conocido, en unas pocas horas nos terminamos la campaña.


Al retomar un juego después de cierto tiempo, acostumbro a bichear por la red a ver si hay nuevas aportaciones, comentarios, erratas... aunque a veces resulta contraproducente pues hilos antiguos o respuestas erradas pueden acabar por complicarte la vida.
En fin, es lo que tiene el frikismo; uno quiere tener las cosas controladas y al final puede ocurrir lo contrario. Afortunadamente, poco a poco todo vuelve a su cauce. Sólo es cuestión de repreguntar.

Volviendo a la entrada, veo que sigo pensando prácticamente lo mismo. Me encanta el juego y se que tiene errores, pero puedo vivir con ellos (quizá lo peor la capacidad infinita de las fortalezas...). Así que cuando a veces se pregunta cual debería ser el próximo wargame traducido al español, siempre me entristece que no aparezca ni mencionado.


Como es habitual, tras sofocar la revuelta húngara mis hombres se lanzaron, con objetivo primero, a la conquista del Bajo Palatinado para traerlo de vuelta a la recta senda de la fé. Malditos descreídos, pagarán cara su deslealtad!

Mientras tanto, Victoria se dedicaba a arrasar a sangre y fuego el norte de Alemania con sus daneses, en la mejor tradición del "úsalos o píérdelos". Total en algún momento se van a pirar...
Llegados a este punto siempre me maravilla como, según los registros históricos de la campaña, los imperiales pudieron llegar a combatir hasta Pomeranía y demás. Creo que yo, llevando a Wallestein y sus muchachos no lo he conseguido nunca!


No faltan los consabidos recelos entre los dos paladines del catolicismo (Austríacos y Bávaros) y sus tropas o la progresiva escalada territorial. Seguidos poco después por la inevitable escabechina sueco-española, donde los hombres caen como moscas y durante unos instantes toda Europa contiene el aliento. Normalmente, el desgaste del ejército de Flandes será un hecho y ante los franceses acabará costando caro (además de que los galos pueden reclutar y los hispanos no).

Por no hablar de todos esos magníficos líderes rubios y altos que pueden acabar mandando la casi totalidad de los apilamientos protestantes con cartitas de uno... menudas promociones salieron por entonces de las academias militares escandinavas! En fín, paciencia, algo más de tiempo y Pedro el Grande se lo hará pagar.


Uno de los mantras obligados: siempre que sea posible acabar con un ejército y líder sobre una fortaleza enemiga, para conseguir un asedio gratis al final del turno.
Pero resumiendo, la campaña terminó esta vez con un empate (nuestro resultado más frecuente, la verdad), aunque más cerca de la victoria protestante que de la mía...

Al menos, la capital imperial resistió. Con todo, la lucha fue terrible, casi ni nos enteramos del fallecimiento de varios Papas o de los aconteceres de las Provincias Unidas.
Se impone coger fuerzas para la próxima!


The End.

2 comentarios:

  1. Yo también tengo un especial cariño por este juego, que fue uno de mis primeros wargames con motor de cartas y que me ha proporcionado muchas tardes de gloria. Indudablemente estar interesado por la época siempre incrementa el disfrute.

    Precisamente yo también lo desempolvé hace unos días y... la partida nos salió regulera. Creo que lo que peor llevo es la escasez de cartas en el primer mazo del juego. La idea es que el Católico parte con ventaja y debería incrementar sus PV rápido, provocando la introducción del siguiente mazo. Sin embargo, ésto no resulta tan sencillo ni mucho menos, y en la mayoría de partidas no se alcanzan los famosos 30 PV y se juegan 6 turnos con los mazos iniciales. Y esa escasez de cartas se nota, y no para bien.

    Al igual que tú, reconozco los errores del juego, que no es ni mucho menos perfecto, pero sus virtudes -quizás desde un punto de vista subjetivo- lo compensan. Pero esa fase inicial... Faltan cartas, lo cual es una pena. Creo que hay una expansión casera que pulula por ahí, será cuestión de echarle un vistazo.

    ¡Gracias por el blog!

    David

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  2. Es verdad que el interés por la época aumenta el disfrute del juego. Igual que su estética (al menos en mi caso). Y para mí también sus aciertos compensan sus errores.
    Lo de las cartas no me molesta especialmente, prefiero verlo más como una potente limitación en la gestión de la estrategia. A veces las mecánicas parece que te permiten "jugar por encima de tus posibilidades" y en este caso, como bien dices, hay muchas cosas que hacer pero no lo puedes todo. Así que a priorizar...

    Además coarta a ambos bandos, porque el protestante también lo pasa mal. Por no hablar de la consecuencia probable de que muchos eventos, como la muerte de los Papas o los asuntos de la Valtelina, no se produzcan hasta un momento algo más tardío, en coherencia con los primeros movimientos que deberían dirigirse a fortalecer la situación militar.
    Creo que en pocas partidas te das cuenta de cuales debes jugar impepinablemente y cuales reservar una y otra vez, por lo que me resulta una forma muy elegante de simular cosas sin cargarte de reglas.

    Ahora, entiendo la crítica y tienes toda la razón en que eso lo hace exigente desde el arranque (a mi llegar a los 30 puntos también me cuesta horrores), mucho más que la mayoría de los "Card Driven" que conozco (otros los son por otras cosas).

    Como siempre, muchas gracias por tu opinión, David.

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