lunes, 11 de agosto de 2014

Anotaciones en mi cuaderno: sobre el Virgin Queen.

No quisiera dejar pasar la ocasión, ahora que lo tengo fresco en mi mente, para reflexionar acerca del Virgin Queen de GMT y de lo que he estado pensando estos días después de nuestra última partida. Quiero ser conciso y por ello iré cortito y al pié. Aunque claro está, ahí teneis los comentarios para desarrollar un poco más el tema.

Como sabeis, el Virgin Queen es un juego, card driven, de GMT, que permite hasta seis jugadores competir por la supremacía en la Europa de Felipe II e Isabel de Inglaterra.


En nuestra última partida, que duró tan sólo una tarde!!! desplegamos el escenario de torneo, arduo y duro para "profanos". Y surgió el tema recurrente: El jugador español, Felipe II.

"¿Qué pasa con el jugador español?" Os preguntareis.

Pues pasa, en mi opinión, que haciendo honor a la historicidad del juego, muy bien llevada, España es La Potencia, con mayúsculas. Es el jugador que aglutina más localizaciones, más tropas, más alianzas posibles con paises menores, más colonias, más tesoros; más poder, en definitva. Ciertamente, en este aspecto no hay nada que reprocharle al juego pues enfoca fielmente el devenir de la mayor potencia mundial de aquella época.

Pero en contraprestación a esto, tiene muchos deberes que atender, ¿muchos focos abiertos? Quizás a priori no lo parezca pero realmente Flandes es su grano en el culo. El protestantismo al fin y al cabo ya que el jugador Protestante que debe "comer" al Español para poder vivir. Comer espacios en los Paises Bajos y también en Francia (la segunda derivada amigos míos) para ir creando un imperio de hogeras y revolución en la Europa continental.

Y aquí viene el tema: Los demás jugadores, comenzando con un país más o menos sólido, no tienen esa necesidad imperiosa de guerrear, ni de tocarle los mismísimos al Español. Así que con tal de no despertar al dragón y acabar chamuscados, se pueden dedicar a recaudar puntos de victoria en expediciones, piratería, mecenazgo, casamientos, etc. dejando, en gran parte, al jugador protestante con la pesada carga de evitar que gane el Español la partida.
¿Deben los demás jugadores jugar su suerte a la carta confiada de que el protestante haga o quiera hacer su papel? ¿Y si en vista de la situación (o follamos todos o...) deciden maquiavélicamente poner todo tipo de "excusas"?

Francia, la segunda derivada.

El Francés, pues: En una encrucijada al más puro estilo europeo se debate "entre dos tierras" (como cantaba Bunbury). Y es que, ¡ay pobre de ti Francés! ¿Qué haces y adonde vás? ¿Quo vadis domine? Porque si convierte muchos espacios a católicos, ahogando al protestante, el Español puede ganar por espacios en el mapa, pero si por el contrario deja que los hugonotes se atrincheren en territorio galo, puede formarse la Liga Católica y entonces Francia pasa a ser una mera comparsa en este juego pues los ejércitos hispanos entrarán, plenipontenciarios y salvadores de la única fe, en los espacios franceses que al efecto adjudica el libro de reglas y "de facto" invadiendo el país.

Entonces, y quizás sea una sensación añadida por el escenario de torneo (pues es más dificil que pase lo mismo en la campaña), por la situación inicial impuesta (hugonotes en francia, muchos recursos para el Español): ¿Puede decirse qué para tener un juego "operativo", lease "juego" como término completo, todos los jugadores tienen que colaborar en una pantomima al más puro estilo de teatro de corrala?
¿Debería haber algún mecanismo que impidiera que, ante la posible pasividad del resto de jugadores (pues cada uno está a sus manzanas) el Español no tenga tan claras opciones?

Para decirlo claramente, todos están a por uvas mientras el español se come el cabrito sentado a la mesa. Los otros ganan puntos sí, pero el español gana muchos más y gana. Y sabiendo esto de antemano ¿merece la pena representar esta obra tragicómica en una o varias tardes?

Quizás se podrían emplear unos chits que arbitrariamente le quitaran "x" puntos a quienes no combatan a España, o al primer jugador de la clasificación, durante un turno. Es decir, a aquellos que no le tomen una key, que no le asesinen a algun lider, que se desposen con alguna manceba (española /de la corte del lider), que no le roben por piratería...

Algo que obligue a todos los jugadores aparte de a mirar por sus intereses a velar por el buen transcurso de la partida. Sin perder historicidad.

Finalmente, el escenario de campaña parte de una situación mucho más igualitaria y donde nada está escrito y todo puede suceder. Aunque posteriormente la partida pueda devenir en más de lo mismo.


Track de puntos de victoria. Al Español no hay quien lo pare. ¿o tal vez si?

Y una cosa más. Pase que me debata internamente en estas disyuntivas jugonas, pero ojo que mi opinión general no varía, que el Virgin Queen es uno de los mejores bocados que se puede echar un wargamero de pro a la boca, y que toda la experencia que te ofrece merece mucho la pena.



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